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Consumo de energía eléctrica en minería del cobre aumentará 38% entre 2017 y 2028

La región con el liderazgo actual y futuro del uso de energía en minería cuprífera es Antofagasta, con más de la mitad del total durante todo el periodo de estudio. Le siguen Atacama, Tarapacá y O'Higgins, con alrededor del 10% del consumo proyectado cada una al comienzo del periodo.

Fuente: www.estrategia.cl

12-01-2018 | Para el periodo 2017-2028 se espera que el consumo total de energía eléctrica en minería del cobre aumente un 38%, de 21.1 TWh en a 29.2 TWh, con incrementos continuados en cada año, con la única excepción de una caída interanual del 1% proyectada para el 2025.

Así lo indica una estimación realizada por Cochilco hasta el 2028, año en que podría estar en operación gran parte de la actual cartera de proyectos. Cabe señalar que la energía eléctrica es un insumo estratégico para la minería del cobre, dado que se requiere en sus diversos procesos productivos y servicios. De acuerdo a estimaciones de la entidad, su uso representa alrededor del 9% de los costos operacionales de la gran minería del cobre nacional y su impacto en el consumo eléctrico del país también es significativo. En promedio, en los últimos 15 años la minería del cobre ha tenido una participación de un tercio en el consumo nacional de energía eléctrica.

La región con el liderazgo actual y futuro del uso de energía en minería cuprífera es Antofagasta, con más de la mitad del total durante todo el periodo de estudio. Le siguen Atacama, Tarapacá y O'Higgins, con alrededor del 10% del consumo proyectado cada una al comienzo del periodo.

Ya a partir de 2024, sin embargo, se espera que Atacama aumente su participación por encima del 12%, reforzando su posición como la segunda región de mayor relevancia en el consumo eléctrico. O’Higgins por su parte bajará al 6% de participación mientras que para Tarapacá no se prevé una variación significativa.

Al revisar el consumo esperado por procesos, hay dos puntos especialmente destacables, indica el reporte.

Por un lado está la Concentradora, que en 2017 ya era la principal fuente de consumo con más de la mitad de la demanda esperada de energía eléctrica en minería del cobre, la cual seguirá creciendo hasta representar dos tercios del total al 2028. Esto se explica por el incremento en la producción de concentrados, proceso intensivo en uso de energía, pero también por una menor producción de cátodos de cobre, lo que trae como contraparte una caída en la demanda eléctrica en los procesos de lixiviación, que bajarán su participación desde un 24% del consumo total proyectado en 2017 hasta apenas un 6% en 2028.

En segundo término, hay que considerar que el uso de agua marítima experimentará un alza importante, pasando del 5% en 2017 al 12% en 2028, llegando a convertirse en el segundo proceso de mayor intensidad de consumo eléctrico.

Esto responde principalmente a los proyectos futuros de plantas desalinizadoras ubicadas en las regiones de Antofagasta y Atacama, lo que implicará un mayor uso de energía eléctrica para el funcionamiento de las plantas, pero principalmente para impulsar el agua hacia las faenas mineras.

Ahora bien, en los últimos años la industria cuprífera nacional ha debido lidiar con múltiples problemas para satisfacer su consumo energético. Además de la dependencia a fuentes externas como carbón, petróleo y gas para la generación de energía, enfrenta el progresivo envejecimiento de las principales minas y la consecuente caída en las leyes del mineral, lo que presiona a mayores niveles de consumo energético.

Asimismo, el desarrollo futuro de nuevos proyectos constituye una presión adicional al alza que plantea el problema de satisfacer a una demanda creciente.

No obstante, la capacidad de la oferta para dar respuestas eficientes no ha satisfecho las aspiraciones industriales, llegando a identificarse a la matriz energética por diferentes analistas de la industria como un “cuello de botella” para el desarrollo cuprífero nacional.

En términos acotados, este problema se puede dividir en dos desafíos clave: en primer lugar asegurar el abastecimiento necesario para satisfacer la producción, y en segundo lugar, mantener los costos acotados a fin de lograr una mayor rentabilidad en los proyectos y obtener una posición competitiva en el mercado.

En este escenario, tanto el Estado como agentes privados han logrado avanzar en mejoras significativas. En primer lugar, se destaca el desarrollo de la interconexión de los sistemas SING y SIC, anhelo histórico para la minería nacional, en tanto que repercutirá en menores costos y una mayor sostenibilidad en el suministro energético.

Asimismo, permitirá un mayor aprovechamiento de las ERNC dado que en el norte grande del país (donde se encuentra la mayor parte de actividad minera, actualmente cubierta en su mayor parte por el SING) habrá una mayor capacidad de compensación con energía hidráulica (proveniente de las regiones centro y del sur, actualmente cubiertas por el SIC), ante las posibles variaciones inherentes a la energía solar o eólica, por ejemplo.

En línea con lo anterior, en 2016 se promulgó la Ley de Transmisión Eléctrica, con la cual se han generado cambios significativos en el mercado así como en la dinámica de licitaciones para la provisión de energía eléctrica.

De este modo, actualmente hay una mayor cantidad de proveedores, lo que se traduce en menores precios de la energía a clientes regulados, situación que eventualmente repercutirá en los grandes contratos mineros fijados a largo plazo.

Al mismo, tiempo se ha favorecido la integración de las ERNC. El nuevo marco legal dado por esta ley ya mostró resultados positivos, con un fuerte incremento de adjudicación de proyectos de ERNC en las licitaciones de 2016 y 2017.

Por último, otro elemento que ha cobrado una creciente relevancia en los últimos años radica en la consecución de mejoras de eficiencia en el uso de energía. Al respecto, entidades privadas y gremiales como la Agencia Chilena de Eficiencia Energética y el Consejo Minero ha llevado a cabo varios proyectos piloto así como una serie de auditorías que apuntan a detectar posibles problemas a fin de buscar eventuales oportunidades de optimización en el uso de la energía.

En paralelo, en los últimos años el Estado ha trabajado en el diseño de una Ley de Eficiencia Energética que apunta a tres objetivos clave: la implementación de un sistema de gestión de energía en cada sitio de empresas con altos consumos de energía, el establecimiento de un plan anual de eficiencia energética con metas concretas de reducción en el tiempo, y la contratación de auditorías energéticas técnicas externas de carácter periódico que validen y verifiquen las medidas de eficiencia energética identificadas, evaluadas e implementadas, junto a los ahorros logrados.

Una vez promulgada esta ley, Cochilco tendrá una base sólida para identificar las metas de ahorro de energía anuales e incluir las mejoras de eficiencia estimadas en versiones posteriores de este estudio.

Con todo, considerando los puntos anteriores, si bien los desafíos en demanda energética siguen siendo crecientes, la matriz energética ha obtenido avances importantes que permiten anticipar mejoras en la seguridad del suministro eléctrico a costos progresivamente menores, situación que mejorará la posición competitiva de la industria cuprífera nacional.

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